miércoles, octubre 18, 2006

¿PORQUÉ LLAMAR INVASIÓN A LA INTROMISIÓN ESPAÑOLA DEL SIGLO XVI?


El presente artículo, lo escribo motivado por una entrevista que hiciera Jaime de Altaus en Canal N a un representante de la diplomacia española cuyo nombre prefiero no recordar; en la cual, el tema central era “la telefónica y la revisión del contrato”. Lo que llamó mi atención fue que el diplomático español planteaba una cultura de paz desde la historia[1], una especie de amnistía histórica de la invasión española en el siglo XVI.
El diplomático peninsular argumentaba que los peruanos aún guardamos resentimiento por la llegada de los españoles y los 280 años de dominio colonial, planteaba además, que eso debería quedar en el olvido y más bien deberíamos reconocer la tecnología y los adelantos alcanzados gracias al contacto con el viejo mundo, así como ellos (los españoles) ya olvidaron el dominio Árabe y más bien reconocen los adelantos que recibieron gracias a los islámicos. Cuestionó además, el término Invasión, argumentando que lo que se hizo en el nuevo mundo fue una conquista ya que se ganó con mucho esfuerzo las tierras tahuantinsuyanas. Lo que no me extrañó fue la respuesta de Jaime de Altaus, quien inmediatamente reconoció que esos hechos deben quedar en el olvido e iniciar una “historia nueva”. A que se refería con lo de historia nueva, aún medito al respecto. Esta entrevista fue motivo de comentario entre colegas, de donde surgió de inmediato la necesidad de aclarar el manejo de los términos y tiempos históricos.
Lo primero que vino a mi mente, es el intento de los políticos de inicios del siglo XX al pretender cambiar el himno nacional por considerar que no se ajustaba a la época, ya que en aquel momento Perú había aperturado relaciones diplomáticas con España, y a decir de la época el himno era antiespañol.
Si bien es cierto, como profesor e historiador intento brindar a mis alumnos una visión crítica, reflexiva de la historia que dista del chauvinismo o nacionalismo de los años 70, el cual debemos erradicar, debo reconocer también, que hay muchos colegas que erróneamente, resaltan las derrotas, los incas incapaces de controlar 168 españoles en Cajamarca, la tecnología de los invasores, los héroes vencidos, el Bolognesi que luchó por defender sus propiedades…etc es decir, hacen lo que llamo Historia del Resentimiento instentinal.
Por ejemplo, no podemos responsabilizar de la derrota del 79 al presidente Pardo y Lavalle por su política de austeridad y la firma del tratado secreto con Bolivia o al presidente Prado por su huída, o a Bolognesi por no haber resistido en Arica, a Miguel Iglesias por Montán y Ancón o simplemente a la clase política peruana de la época en general. La causa por la cual el Perú se encontraba en desventaja frente a chile en 1879, se debería analizar desde el proceso de independencia; específicamente la crisis y fragmentación de la clase dirigente peruana a inicios de la república, incapaz de organizarse y asumir el roles gubernativos que el sistema republicano demandaba. Gracias al guano, esta clase se convierte en una burguesía incipiente que no arriesgó en la inversión proindustrialización, cuyo poder económico y el trastrocamiento de sus intereses los llevó a organizarse políticamente e intentar plasmar –tardíamente- un proyecto nación. Siendo ucrónico en mi comentario diría que el civilismo llegó 40 años tarde. A diferencia, la clase dirigente chilena desde inicios de la republica, es una clase cohesionada, sólida, que mantiene el control de los principales poderes del estado, aprovechando la homogeneidad étnica del territorio logró engarzar un proyecto nación. Desde aquí debería partir el análisis para explicar a nuestros alumnos porqué perdimos la guerra de 1879.
Pero bien, regresemos al comentario del amigo español. Todo historiador responsable debe respetar el espacio y el tiempo histórico, como historiadores debemos trasladarnos a la época y enfocar nuestro análisis en el hecho materia de nuestro estudio desprendiéndonos de cualquier sentimiento subjetivo contemporáneo, filiación política o adepción religiosa, ya que puede desdibujar el análisis y la representación histórica de un acontecimiento trascendente. Hecha la aclaración, lanzo la hipótesis ¿Cómo debemos llamar al proceso de colonización española del nuevo continente en el siglo XVI, Invasión o Conquista? Según el diccionario de la real academia de la lengua española, invasión viene del latín invadere que significa: en su primera acepción, irrumpir, entrar por la fuerza, en su segunda acepción, ocupar anormal o irregularmente un lugar, y finalmente en su tercera acepción, entrar injustificadamente en funciones ajenas. Ahora bien, si con la misma fuente revisamos el significado de conquistar, encontraremos que esta palabra deriva del latín conquistare que significa: Ganar, conseguir algo, generalmente con esfuerzo, habilidad o venciendo algunas dificultades. Ganar con sutileza el favor de una persona o pueblo.
Ahora bien, analicemos lo que sucedió con el Thuantinsuyo a la llegada de los españoles. El tahuantinsuyo se encontraba dividido a causa de la guerra civil entre los hermanos Huascar y Atahualpa, este último consideraba que su hermano no alcanzaba los méritos cómo para ceñirse la mascaipacha o borla imperial - máximo distintivo de jerarquía y mando en el imperio de los incas -; recordemos que a la muerte de Huayna Capac -posiblemente victima de viruela- los willac Ummu del Cusco decidieron coronar a Huascar como el inca sucesor. Atahualpa, quien había acompañado a su padre en las conquistas del norte, era un gran guerrero y había logrado anexar (junto a su padre) importantes territorios en la costa, sierra y selva norte, ello le llevó a cuestionar la decisión de la Nobleza Cusqueña, de coronar como inca a su hermano. En 1532, la guerra civil había terminado a favor de Atahualpa, Huascar se encontraba capturado y custodiado por los principales generales de Atahualpa: Calcuchimac y Rumiñahui (este último era conocido como OJO DE PIEDRA, por una nubosidad que cubría su ojo izquierdo). Las tropas habían sido despachadas a sus respectivos ayllus, sólo unos pocos guerreros acompañaban a Atahualpa en Cajamarca, tenía como destino final el Cusco, donde sería coronado formalmente inca. Algunas crónicas primarias –conocidas como pretoledanas- indican que el inca en Cajamarca recibió información de los españoles que habían desembarcado en Tumbes, el inca sabía que estos blancos barbados no eran dioses, ya que sus espías le habían informado, de que entre los extranjeros, habían quienes adolecían de enfermedades o algunos heridos que sangraban y simplemente los dioses no se enferman ni sangran. Además, entre los animales que traían los chapetones, el espía consideró verdaderamente peligroso al perro ya que este comía carne – recordemos los perros come indios-. Es decir el inca estaba informado al detalle acerca del arribo de Pizarro sabía que eran pocos en número 168, el Inca no consideró a los indígenas que los acompañaban ya que eran tributarios del Tahuantinsuyo.
En realidad, los españoles buscaron asegurar para sí, títulos nobiliarios, propiedades, prestigio y honor. Por ello, en sus crónicas desestiman la participación de indios nicaragüenses, panameños y hasta negros esclavos, además de diferentes etnias locales como huancas, tallanes, chachapoyas, chimues, entre otras tantas etnias, que veían en los españoles la oportunidad de independizarse del estado opresor incaico. Y para imbuir su discurso de tinte lírico, mitológico medieval; en sus crónicas, recrean la participación del apóstol Santiago, quien al ver la “diferencia numérica” de los castellanos frente a los indígenas, socorre a los peninsulares, “cayendo los fieros indígenas bajo su espada de fuego”. Lo de Cajamarca fue una masacre, murieron aproximadamente 3mil indios, de los cuales, en mayor número fueron danzantes, músicos, parte del sequito de los grandes señores que acompañan al Inca. El requerimiento, es el documento que formaliza la invasión. A través de este documento el Papa concede autorización al Rey español, para que en nombre de Cristo se tome posesión de los territorios indígenas. Este documento era leído a los naturales, poco interesaba si entendían o no, lo importante era si los naturales aceptaban o no el dominio peninsular. Lo normal era el rechazo del documento por parte de los naturales, acto seguido -siempre escusados por la cruz- se iniciaba “la Guerra Santa”, es decir, tenían licencia para matar dada su gran diferencia bélica. Imagino, que habrá pensado Atahualpa cuando el dominico Valverde le presentó el requerimiento. El inca quien se consideraba hijo de dios “INTI”, y que ostentaba (como cualquier monarca) de gran poder y autoridad sobre sus dominios, subestimó a los españoles dado su escaso número. Valverde le hablaba de Dios, el Dios creador de todo cuanto existe, un Dios poderoso que se arrogaba la autoridad, inclusive, para dominar los territorios del inca. Por ello es que Atahualpa, de formación militar y sólidas convicciones religiosas, considerado un “semidios”, rechazó aquel documento, el cual, estoy seguro, jamás llegó a entender.
En líneas generales, al llegar los españoles despojaron violentamente a los naturales de su religión, e impusieron la religión castellana, destruyeron y saquearon sus construcciones inspirados en la ambición metálica y status. Intentaron terminar con el quechua, arrebataron las tierras de los ayllus, se repartieron a los naturales (encomiendas), obligaron a los indios a trabajar en las minas. En tan sólo 20 años de dominio español la población indígena se redujo considerablemente, ello por el sistema de explotación que instalaron.
Los invasores, al tomar posesión del territorio que correspondía a los incas cortaron un proceso que se desarrollaba de manera autónoma e independiente. ¿Debemos llamar a esto conquista?.......

[1] (y no resulta extraño el término ya que hay historiadores de la PUCP que actualmente plantean el revisionismo histórico de la guerra con Chile desde una historia de paz o conciliadora)

PRELUDIO A LA INVASIÓN ESPAÑOLA



“Entre la reconquista española y el nuevo mundo”
Los siglos XV y XVI son claves para entender el afán expansionista europeo. Estos siglos coinciden con la expansión del capitalismo mercantil de occidente y la crisis estructural del feudalismo.
Desde el siglo XII los mercaderes europeos recorrían largas rutas hacia el oriente en busca de las especias orientales cómo: jengibre, menta, cardamomo, nuez moscada, salvia, perejil, pimienta, comino, azafrán, clavo o anís. Para el siglo XV las especias orientales habían alcanzado gran demanda en Europa, esta actividad llevó al desarrollo del mercantilismo. Así, Europa se había convertido en una zona consumidora de productos orientales, al punto de hacerse imprescindible en la preparación de alimentos, brebajes medicinales e inclusive para la fermentación de bebidas caseras, como también la relevante importancia que adquiere la seda oriental, con la cual se fabricaban los más cotizados trajes de la época.
Los árabes, quienes tuvieron el control de la península Ibérica hasta mediados del siglo XV, fueron los primeros en recorrer con sus caravanas las rutas comerciales ya sean estas: terrestres a través de Constantinopla (ruta de la seda) o marítimas navegando el mediterráneo y el mar Indico con destino a Calicut (India), Catay (China) o Cipango (Japón). Fueron ellos, quienes llevaron la brújula y la pólvora a la península donde adquiere diferente utilidad; en cuanto a la brújula, fue Flavio Guioja quien la encerró en una caja de cristal para uso marítimo y la pólvora fue empleada con fines bélicos (arcabuz, cañones), estos descubrimientos fueron claves para consolidar el expansionismo europeo.
El tráfico comercial se vio interrumpido cuando en 1453 los Turcos Otomanos tomaron Constantinopla y las rutas comerciales se vieron invadidas. Tras el cierre de las rutas comerciales el pánico y la especulación de precios cundió en la península, así el costo de las especies orientales se incrementaron notablemente, haciendo de la búsqueda de una nueva ruta hacia el oriente un punto crucial en la agenda de las monarquías que aspiraban alcanzar la hegemonía de la región.
Los reinos cristianos Castilla, Aragón, Navarra se organizaron para recuperar el control de la península que se hallaba en manos de los árabes y el Islam e ir en busca de la tan ansiada ruta alternativa que les permitiera recuperar el comercio de especias orientales. Los portugueses fueron los primeros en independizarse de los árabes, por ello, una vez que la casa de Avis se consolido en el trono de Portugal, el hijo de Juan I de Avis, Enrique “el navegante” inició la búsqueda de una ruta alternativa hacia oriente, pretendiendo navegar a través de las costas occidentales del África (bordear el continente africano); para ello fundó en 1415 “la escuela náutica de Sagres” con el fin de capacitar e instruir a los navegantes en técnicas y tecnología de navegación. Todo ello permitió que los portugueses en 1431 inicien la exploración de la costa noroccidental del África, inaugurando así la ruta de trata negrera y marfil. Con esta preparación, y experiencia, los navegantes portugueses se echaron a la mar, siendo Bartolomé Díaz quien en 1487 llegó al temible “Cabo de las Tormentas” zona de complicada navegación, en el extremo sur del África, esta proeza llevó al entusiasta Rey Juan I a cambiarle el nombre por “Cabo Buena Esperanza”. Posteriormente Vasco de Gamma llegó a la india y fundó la ciudad de Calicut en 1498, al año siguiente Pedro Álvarez de Cabral llegó a las costas del Brasil.
Los Reyes Fernando de Aragón e Isabel de Castilla lograron expulsar a los Árabes de España -junto a ellos el Islam- en 1492; razón por la cual el papado le otorgó el derecho de Regio Patronato, a través del cual, el Rey adquiere potestad para nombrar autoridades eclesiásticas, anular bulas, entre otros privilegios propios de la alta administración religiosa. En este mismo año se autoriza el viaje del navegante Cristóbal Colon rumbo al occidente (circunnavegar la tierra) a través de “La Capitulación de Santa Fe” firmado por la reina Isabel de Castilla tras mediación del funcionario real Luís Santanguel. En realidad, el proyecto del almirante Colon contemplaba la redondez de la tierra como un hecho, considerando Europa y África como únicos continentes, ello llevo al almirante Colón a tomar mediciones erróneas y considerar que la tierra era mucho más pequeña de lo que realmente es. Por ello, Colon planifica un viaje para 40 días, ello explica la desesperación de los tripulantes y los conatos de motín al llegar el día 30 de viaje, y no hallar tierra. Los tripulantes sabían que era imposible regresar y Colon manejaba la situación fraguando las coordenadas y prometiendo la cercanía de las indias orientales. Según el diario de Colón, este había recibido un ultimátum, las reservas se agotaban, si no se hallaba tierra en los próximos días, Colon sería ajusticiado por conducir a la muerte a sus tripulantes. Persuadido por el inicio del motín, el 07 de octubre 1492 Colón alteró el rumbo hacia el suroeste. Colón dijo, que al primer hombre que gritara que había visto tierra le daría una capa de seda, aparte de otras recompensas que había prometido el Rey y la reina. Esa noche colón pensó haber visto una luz en el horizonte (Fernández Armesto 2003). Era día viernes 12 de octubre a las dos de la mañana, cuando un marinero sevillano, tal vez Rodrigo de Triana, estirándose desde la arboladura de La Pinta lanzo el grito “¡TIERRA!”, acompañado probablemente de “¡ALBRICIAS!”. Se escuchó el disparo de un pequeño cañón -señal convenida para indicar la presencia de tierra- es un hecho, que en el acto, se debió dar gracias a dios por haber dado respuesta a sus plegarias. Los que resulta interesante (según consenso de los biógrafos de Colón) es el hecho de que el almirante Colón se arroga la recompensa de los monarcas, afirmando haber avistado tierra la noche anterior, con el presumible, aunque no registrado, disgusto del vigía de Triana. Los nativos llamaban a la isla Guanahani, Colon decidió rebautizarla con el nombre de San Salvador, tal vez por que representó la salvación para él y sus marinos.
Respecto a la primera isla a la que arriba Colon, hay ciertas discrepancias respecto a si verdaderamente se trata de El Salvador (antiguamente llamada Watling Island) ya que la descripción que hace el almirante de la isla dista mucho de su real fisonomía. Para algunos Colon bien pudo llegar a cualquiera de las islas de Bahamas o Turcos y Caicos, que se interponen en el camino hacia Cuba y Jamaica. Lo cierto es que desde el siglo XVI la cartografía identificó a la isla Salvador como la primera isla en la que arribó el gran almirante Colón.
Colón murió sin saber que había arribado a un nuevo continente, que será conocido inicialmente como las “indias occidentales”. Es el florentino Américo Vespucio quien confirmó las especulaciones de la época, al circunnavegar el continente y señalar que verdaderamente se trataba de un “Nuevo Mundo”, distinto a las indias orientales. Así, en 1504 escribe su polémica obra “Mundus Novas” que se popularizó prontamente, haciéndose 12 ediciones el primer año. En 1505 publicó una Carta, donde narra los pormenores de sus cuatro viajes. Esta carta fue traducida al latín y publicada en 1507 por el cartógrafo alemán Martín Waldseemüller, quien propuso de plano que se diera el nombre de América al nuevo continente, por considerar que el mérito del descubrimiento era de Américo Vespucio. Así, sin que Vespucio lo supiera, se estaba inmortalizando su nombre.

lunes, octubre 16, 2006


Hoy 16 de agosto a las 5 de la mañana dejó de existir uno de los más dignos representantes de la democracia y la decencia política en el Perú. La humildad es una de las virtudes poco desarrolladas por nuestra languida clase política, pero es una virtud que no resultaba extraña para don Valentín. Es el único presidente que nunca se le vió disfrazado de nada, recorrió el Perú de borde a borde, tomo las riendas del país en un momento crítico y lo hizo con la firmeza y entereza que le caracterizaba. El recuerdo que mantengo y quedará grabado en mi memoria, fué durante las últimas elecciones presidenciales, cuando como cualquier civil (y como debe de ser) esperó -con su conocida decencia- su turno, llegó sin convocar a la prensa y vestido de manera sencilla, jamás ví político mas humilde, integro y probo. Gracias don Valentín por su enseñanza, por sus clases en San Marcos, por su moral intachable.......descanse en paz SEÑOR PRESIDENTE!!!!!

martes, septiembre 26, 2006

SUCESOS HISTÓRICOS PARA RECORDAR


El presente articulo lo escribo preocupado por la imagen que comúnmente reciben nuestros alumnos respecto a los héroes de Guerra del pacífico, que, si bien es cierto, no tenemos el tiempo necesario para cubrir o agotar en clase, se hace imperiosa la necesidad de explicar la participación de los diversos actores (mujeres, soldados, campesinos, mestizos) quienes con sus acciones secundaron los actos de valor o determinaron los triunfos, de los que conocemos comúnmente como los grandes héroes de la guerra del Pacífico. Algunos de nuestros alumnos reducen los actos heroicos a cuatro personajes Grau, Bolognesi y Cáceres, desconociendo la presencia de otros actores importantísimos y de igual trascendencia que secundaron los actos valerosos de estos personajes. Por otro lado hay personajes, que, si bien es cierto, no tomaron las armas y enfrentaron directamente al enemigo, su participación en le guerra sirvió para mantener la alicaída dignidad nacional, tal es el caso por ejemplo del digno gobierno de García Calderón en Magdalena, quien pagó con su exilio y encarcelamiento en Valparaiso, el no firmar un tratado lesivo para los intereses patrios. Pero vallamos más allá, debemos de recuperar la participación femenina en la guerra, la presencia y participación activa de las rabonas, las damas de Lima que se organizaron para brindar cuidado a los heridos. Las clases populares y entre ellos las masas campesinas en la Breña que derramaron sangre defendiendo el suelo patrio.
Durante la guerra del Pacífico 1879, hubieron actos heroicos dignos de mencionar y que algunos historiadores, por no considerarlo relevante o trascendente, aún lo mantienen en anonimato o en el mejor de los casos lo mencionan someramente.

Tal es el caso de las Rabonas o compañeras de los soldados, mujeres que acompañaban a sus maridos a la guerra, eran ellas las que se encargaban de cocinar, lavar, curar a sus maridos y a sus hijos y en algunas ocasiones asumir roles de guerra, por ello, no resultó extraño encontrar entre los cadáveres esparcidos en el campo de batalla soldados junto a sus mujeres. A propósito dice Flora Tristán “Ellas formaban una tropa considerable que precede al ejercito por espacio de algunas horas, para tener tiempo de conseguir víveres, cocinarlos y preparar todo en el albergue que deben ocupar…arrastraron en su sequito a niños de toda edad” . En la campaña terrestre del sur, las heroicas tarapaqueñas se batieron, desafiando las balas y los peligros de la batalla, proporcionaban agua al sediento ejército, y convirtieron sus casas o solares en hospitales para albergar a los heridos. Emma Manarelli nos proporciona algunos nombres que deben quedar registrados en la historia y en el recuerdo de todos los peruanos: Petronila Nuñez, Mariana Vilchez, María de Taborga e hijas. En la breña encontramos a la Señora Antonia moreno de Cáceres, esposa del caudillo de la Breña; otra de las mujeres ilustres que apoyaron la resistencia de la sierra fue Doña Clorinda Matto de Turner quien apoyó económica, material y humanamente al habilitar su casa en tinta para el cuidado de los heridos.

Si bien la mujer jugó un papel importante en la guerra del 79´. Las clases populares y entre ellos el sector indígena, también hicieron su parte, al enfrentar con armas tradicionales a los invasores chíllenos en la breña, bajo el liderazgo del Caudillo militar Cáceres. O como dejar de mencionar a los gloriosos alumnos del Colegio Guadalupe quienes ofrendaron su vida, en el intento desesperado por impedir la captura chilena de Lima.
En este contexto, después del glorioso Combate de Angamos, donde se inmolara el Almirante Grau, la Escuadra Chilena bloqueó el Callao, impidiendo el abastecimiento de armas, situación que se trató de desestabilizar al constituirse una brigada torpedista conformada por el Capitán de Navío Leopoldo Sánchez, los Alféreces de Fragata Decio Oyague, Carlos Bondy, Gil Cárdenas y el hábil ingeniero Juan Manuel Cuadros, en plena guerra con Chile. Fueron ellos quienes el 3 de julio de 1880 (el Alférez de Fragata Carlos Bondy Tellería) lograron hundir con un ingenioso sistema explosivo ideado y construido por el ingeniero Manuel Cuadros, al buque chileno Loa. Meses después, el 13 de setiembre de 1880, corrió la misma suerte la Covadonga, frente a Chancay, por acción del mismo Alférez Bondy, con el apoyo del Alférez de Fragata Decio Oyague. La voladura de las naves chilenas trajo como consecuencia la expedición de Patricio Lynch, catalogada por la historiografía chilena como “el episodio oscuro de la guerra”, ya que Lynch, en represalia, intentó arruinar económicamente al Perú, al bombardear la principal fuente generadora de riqueza: las haciendas agroindustriales y los ferrocarriles. El ingeniero Manuel Cuadros es uno de los profesionales que brindó sus conocimientos para debilitar al enemigo, posteriormente encontramos a Cuadros apoyando la campaña de la Breña junto a Caceres. Héroes que la historia los mantiene anónimos, quienes con su sangre defendieron el país en el cual vivimos y que deben permanecer en el recuerdo de todos los peruanos.

Profesor Alex Murazzo

UNA TRADICIÓN EN SALSA VERDE


....Me permito publicar esta sabrosa tradición en salsa verde del Tradicionalista Don Ricardo Palma, la cual me resulto muy cómica, espero que alegren con ella, su mañana, tarde o noche, después de leerla....

LA CONSIGNA DE LARA

El general Jacinto Lara era uno de los más guapos llaneros de Venezuela y el hombre más burdo y desvergonzado que Dios echara sobre la tierra; lo acredita la famosa proclama que dirigió a su división al romperse los fueros en Ayacucho.El Libertador tuvo siempre predilección por Lara, y lo hacían reir sus groserías y pachotadas; decía, Don Simón, que como sus colombianos no eran ángeles, había que tolerar el que fuesen desvergonzados y sucios en el lenguaje.Verdad también que Bolívar, en ocasiones, se acordaba de que era colombiano y escupía palabrotas, sobre todo cuando estaba de sobremesa con media docena de sus íntimos; cuentan, y algo de ello refiere Pruvonena, que habiéndole preguntado uno de los comesales, si aún continuaba en relaciones con cierta aristocrática dama, contestó don Simón:

--Hombre, ya me he desembarcado, porque la tal es una fragata que empieza a hacer agua por todas las costuras.

Un domingo, en momentos que Bolívar iba a montar en el coche, llegó Lara a Palacio y
el Libertador le dijo:

--Acompáñame, Jacinto, a hacer algunas visitas, pero te encargo que estés en ellas más callado que un cartujo, porque tú no abres Ia boca sino para soltar alguna barbaridad; con que ya sabes, tu consigna es el silencio; tú necesitas aprender oratoria en escuela de sordomudos.--Descuida, hombre, que sólo quebrantaré la consigna en caso de que tú me obligues. Te ofrezco ser más mudo que campana sin badajo.

Después de hacer tres o cuatro visitas ceremoniosas, en las que Lara se mantuvo correctamente fiel a la consigna, llegaron a una casa, en la que fueron recibidos, en el salón, por una limeñita, de esas de ojos tan flechadores que, de medio a medio, le atraviesan a un prójimo la anatomía.

--Excuse usted, señor general, a mi hermana, que se priva de la satisfacción de recibirlo, porque está en cama desde anoche en que dio a luz dos niños con toda felicidad.

--Lo celebro --contestó el Libertador--, bravo por las peruanitas que no son mezquinas en dar hijos a la patria. ¿Qué te parece, Lara?.

El llanero, por toda respuesta, gruñó:

--Hum... Hum!

Bolívar no se dio por satisfecho con el gruñido, e insistió:

--Contesta, hombre... ¿en qué estás pensando?

--Pues con su venia, mi general, y con la de esta señorita, estaba pensando... en cómo habrá quedado el coño de ancho, después de tal parto.

--!Bárbaro! --exclamó Bolívar, saliendo del salón más que de prisa.

--La culpa es tuya y no mía. ¿Por qué me mandaste romper la consigna? Yo no sé mentir y largué lo que pensaba.

Desde entonces el Libertador quedó escarmentado para no hacer visitas acompañado de don Jacinto.

martes, agosto 22, 2006

Llegaron los comic a las aulas...

Los comic, es una novedosa herramienta que debe ser incorporada en el proceso de aprendizaje del alumnado, siempre siñiendonos al rigor del proceso histórico, pero manejando un discurso juvenil contemporaneo, nuestros alumnos pueden sentise parte de la historia y mejor aún, es una manera de recrearla y explotar aquello que abunda en los muchachos "la creatividad". Así que profesores aquí hay una herramienta para difundir, proximamente estaré publicando en un nuevo blogs, los trabajos de mis alumnos...ya veremos que tan creativos pueden ser....¡la mejor manera de aprender es jugando!... Profesor Alex Murazzo.

sábado, agosto 12, 2006

El Himno de José Santos Chocano:


“A inicios del siglo XX el presidente Eduardo López de Romaña convoca a concurso para cambiar la letra del himno nacional, el ganador fue el poeta José Santos Chocano. El motivo fundamental del cambio de letra era su antihispanismo ya que por entonces el Perú estaba en paz y gran amistad con España, habiendo aceptado S.M el Rey ser árbitro en su ligio territorial con Ecuador. La convocatoria al concurso dio lugar a múltiples discusiones y el nombramiento del jurado dictaminador, uno de sus miembros resultó ser el tradicionalista Ricardo Palma quien estuvo de acuerdo con el cambio de las estrofas excepto el coro. Santos Chocano, con el seudónimo de Improntu, ganó el concurso, aunque no se expidió una resolución suprema que oficializara el nuevo Himno, ni se cumplió con el premio “una medalla de oro”, lo cierto es que la nueva letra fue cantada en los colegios hasta 1912. Entre los que fueron niños entonces encontramos al ilustre Luis Alberto Sánchez quien en un articulo publicado en el diario la prensa (03 de marzo de1974) se recuerda entonando las estrofas del nuevo himno.”
(tomado de artículo de Alexander Murazzo, "Himno como tradición")

La composición premiada estuvo compuesta por cuatro estrofas inéditas que publicamos a continuación:
I
Si Bolivar salvó los abismos,
San Martín coronó la altitud;
y en la historia de América se unen
como se unen arrojo y vitud.
Por su emblema sagrado la patria
tendrá siempre, en altares de luz,
cual si fuesen dos rayos de gloria,
dos espadas formando una cruz.

II

Evoquemos a aquellos que un día
nos legaron eterna lección;
y ensalcemos, no en vanas palabras,
sino en hechos, la Paz y la Unión.
¡trabajemos! Las manos sangrientas
se depuran en esa labor;
¡que la guerra es el filo que corta,
y el trabajo es el nudo de amor!

III

El trabajo nos ciñe laureles,
si la lucha nos dio libertad.
¡trabajemos! ¡ Abramos la tierra,
como se abre a la luz la verdad;
arranquemos el oro a las minas;
transformemos la selva en hogar;
redimamos el hierro en la industria
y poblemos de naves el mar!

IV

A vivir subyugados sin gloria,
prefiramos morir sin baldón,
que así solo veran nuestros heroes
satisfecha su noble ambición.
¡Somos libres! Gritaron los pueblos;
Y la patria fue libre a esa voz,
¡como el orbe salio de la nada
a una sola palabra de Dios!

España en Crisis: de la monarquía a las juntas

Desde sus inicios, los revolucionarios franceses buscaron expandir su movimiento a las demás monarquías europeas y difundir sus ideales. Lógicamente, encontraron la oposición de otras casas reinantes. El enfrentamiento entre los “republicanos” franceses y el resto de Europa, liderada por Inglaterra, llevaría a conflictos armados que, con el paso de los años y hasta llegar al apogeo napoleónico, parecían inclinar la victoria hacia la potencia insular.
La Francia revolucionaria debió hacer frente a sucesivas coaliciones promovidas por Inglaterra. Las potencias continentales no pudieron detener a las “águilas” napoleónicas, y fue Inglaterra, protegida por su enorme poder naval, el mayor freno que encontraría el corso. Para asfixiar a su adversario, Napoleón decretó el “Bloqueo” Continental, por el cual ninguna nave inglesa debía ser recibida en la Europa continental -España y Portugal-. Mas Portugal no acató tal prohibición, por lo que Napoleón, para castigar aquella rebeldía e imposibilitado de atacar por mar, consiguió autorización de los decadentes reyes españoles para que sus tropas atravesaran su territorio rumbo al reino lusitano. En ese empeño, napoleón aprovecharía la decrepitud de los monarcas hispanos para establecerse en la península, y luego de hábiles maniobras, conseguir la abdicación de Carlos IV y hacerse él del poder, que traspasó a su hermano José.
Indignado por el comportamiento de los monarcas el pueblo español se alzó en armas. Recapitulando las viejas luchas de reconquista, los pueblos españoles se constituyeron en juntas que debían gobernar durante la ausencia del rey Carlos IV, ya sustituido en el fervor popular por su hijo Fernando VII – se formó así la Corte de Cádiz – . Ese fenómeno “juntista” repercutió en el mundo hispanoamericano. Ante la prisión del Rey español, los alzamientos se multiplicaron en la colonia, ya que al ser los virreyes representantes de los reyes, y no habiéndolos en ese momento, el pueblo asumía que el poder “revertía” a su legítimo dueño. Así surgieron juntas en numerosos centros Chuquisaca, La Paz, Quito, Caracas, Buenos Aires…etcétera.
Las juntas fueron combatidas principalmente desde el Perú por el Virrey Abascal, a quien por ello se califica como “un brazo contra un continente”. El esfuerzo del Virrey del Perú y la contraofensiva de la reacción, que halló eco en muchos lugares, devinieron en el fracaso de aquellos movimientos, algunos de los cuales encerraban un afán –más allá de detentadores del poder mientras el Rey estaba cautivo- por romper el vínculo con la metrópoli. (Percy Cayo Córdova, “Enciclopedia temática del Perú”, Editora El Comercio, 2004 Pág. 18-19)

La Ilustración y sus Efectos Revolucionarios en las Colonias

Como todo periodo histórico, La independencia americana es parte de un proceso que se inicia en el siglo XVIII -conocido como “el siglo de las luces”-; este siglo, en el plano cultural significó el desarrollo de diversas teorías que pretendían cuestionar el sistema monárquico europeo, valiéndose de herramientas racionales vinculadas a la ciencia, es decir, prima el uso de la razón, hay deseo de reorganizar la sociedad, se busca destruir mitos, dogmas, construcciones cuyo único soporte es la tradición o la religión católica.
Entre algunos acontecimientos propios del siglo XVIII tenemos por ejemplo: la Revolución Industrial europea (siendo Inglaterra la potencia que experimentó mayor desarrollo en Europa), Antoine Lavoisier demostró que la combustión requiere oxígeno, y supuso el inicio de una nueva teoría referida a la combustión, se impuso la mecánica newtoniana y la teoría de la gravitación universal, se plantearon las primeras evidencias empíricas de la teoría heliocéntrica, entre otros adelantos significativos.
En el plano intelectual, el cuestionamiento al absolutismo, el poder magnánimo del rey y su representatividad de dios en la tierra; además, la difusión de las ideas de libertad, solidaridad, fraternidad, soberanía popular, estuvo a cargo de los ilustrados franceses. El ambiente de libertad política, diversidad religiosa y prosperidad económica de la burguesía imperante en Inglaterra y Holanda era el más adecuado para el triunfo del pensamiento ilustrado. Sin embargo, fue en Francia donde la interpretación del empirismo inglés por los racionalistas continuadores de Descartes produjo el movimiento de la Ilustración. Bajo influencia ilustrada -Destacaban las ideas de Rosseau, Locke y Montesquieu- los colonos de América del Norte propinan un duro golpe a la monarquía inglesa con el triunfo de Virginia 1775. Es el 4 de Julio de 1776, cuando el Congreso general de Filadelfia proclamó la unión solidaria de las trece colonias y votó por la Declaración de Independencia de los EEUU. Precedida por un preámbulo redactado por el virginiano Thomas Jefferson, e inspirado en los principios de los filósofos franceses Montesquieu y Rosseau. Este acontecimiento marcó un hito en la historia universal. Además, sirvió de ejemplo a los colonos o criollos del resto del continente americano que aún se mantenían bajo el influjo de la corona española. A los pocos años, 1789 los sentimientos autonomista y de rechazo al absolutismo llegaron a las puertas de Versalles produciéndose la Revolución Francesa. Pero si bien es cierto, aquel fenómeno revolucionario fue de trascendental importancia, también hay que tener en cuenta que alrededor de esa fecha se produjeron otros acontecimientos que vinieron a reforzar la idea de cambio. En el mes de abril de aquel mismo año de 1789, George Washington fue nombrado primer presidente de los Estados Unidos de América, y en aquel verano se instaló la primera máquina de vapor para la industria del algodón en Manchester. Es decir, se experimentaba el conflicto entre el orden viejo y la nueva realidad en Francia, el nacimiento de una nación en América y el comienzo del predominio de la máquina para la producción industrial. Tres aspectos distintos, pero que marcan el inicio de un nuevo periodo al cual los historiadores franceses convienen en llamar “le epoque contemporaine”.
Las ideas ilustradas se difundieron en el Perú a través de centros culturales como, el Convictorio de San Carlos, o la revista científica “el mercurio peruano”, siendo este último, el principal medio de difusión de la sociedad de amantes del país.
Alex Murazzo Vásquez

El Himno Nacional ¿la tradición debe imponerse?

“Todo lo que fuera establecido por mí se considerará sólo Provisional” Don José de San Martín Agosto de 1821.

“Pobre Aristocracia colonial, pobre boba nobleza limeña, incapaz de toda idea y de todo esfuerzo” José de la Riva Agüero.

Ya que se acercan las fiestas patrias, vamos a analizar la letra del Himno Nacional, aquella que llevamos cantando en cada ceremonia especial o acto público oficial hace más de 93 años. Para ello ajustándome rigurosamente a los sucesos históricos intentaré presentar los hechos desde su creación hasta las modificaciones o variaciones que se acuñaron con el tiempo.
Luego de la reunión que sostuviera el virrey de facto La Serna con San Martín -tras mediación del comisario regio Manuel Abreu- sorpresivamente el general realista abandona Lima y se dirige a la sierra sur, donde el ejército español había conseguido sólo victorias; el mismo virrey La Serna, antes de retirarse, invitó a San Martín a entrar en Lima pues era el único que podría evitar un ataque contundente de “las montoneras” contra la capital. San Martín dio orden, a las montoneras lideradas por el español patriota Álvarez de Arenales, de no poner resistencia y permitir el retiro del Virrey. De esta manera San Martín ingresó a Lima el 12 julio de 1821 siendo recibido con gran algarabía por el pueblo; el 15 de julio promulgaría la independencia en cabildo abierto y el 28 de julio en las diferentes plazas de la capital –Plaza Mayor, La Merced, Santa Ana y la Plaza de la Inquisición- . El arribo de la corriente libertadora del sur a Lima generó en la aristocracia limeña sentimientos “ambiguos”. Como bien apunta Jhon Lynch, los patriotas y los realistas por igual veían en San Martín el líder que los protegería del desorden social; después de la marcha del virrey, la aristocracia limeña invitó al libertador a tomar posesión prontamente de la capital, ante el temor por la insurrección de las clases populares. La aristocracia no sólo temía a los esclavos, con mayor razón debía temer a los indios armados que rodeaban Lima, claro, bajo las órdenes de los oficiales de San Martín, pero indios al fin y al cabo. Fueron precisamente estos “criollos, notables vecinos de la ciudad” los que firmaron el acta de la independencia y terminaron nombrando a San Martín Protector de la Independencia del Perú. Entre los firmantes se distingue el nombre de José De La Torre Ugarte de cuya inspiración se produjo la letra del Himno Nacional.
En muchos trabajos historiográficos, no se ha tomado en cuenta la participación activa de las clases populares apoyando al ejército libertador. Centenares de indígenas, en la sierra, apoyaron heróicamente a las tropas lideradas por Arenales, defendían la causa con hondas o sus mismas herramientas de labranza, ya que no se disponía de suficientes armas o tal vez suficiente confianza como para poder proveer a estos grupos de una mejor condición de defensa y una mayor oportunidad en combate. A pesar de las limitaciones bélicas, la incursión de Arenales fue exitosa; la sierra de Arequipa, Huancavelica, Junín, Tarma, y Cerro de Pasco fueron testigos mudos de la participación decidida de la masa campesina de luchar por una causa justa “terminar con la opresión española”. Fue el general realista José Carratalá, el encargado de frenar el avance de las montoneras en la zona de Huamanga, aquí emergen las figuras heroicas como son: Maria Parado de Bellido, Cayetano Quiroz, el Indio Velasco, entre otros. Pero no sólo fueron indígenas los que apoyaron la causa de la independencia, también se unieron a las tropas patriotas esclavos, mestizos y criollos marginados por el sistema colonial.
El 7 de Agosto de 1821, el protector, considerando que era necesaria la adopción de una “Marcha Nacional” en el Perú, convoca a un concurso público. Respecto al concurso, es importante aclarar que no se emitió ninguna publicación oficial donde se definieran las bases del mismo, ni siquiera puede hallarse testimonio de la convocatoria en “la Gaceta del Gobierno” periódico oficial del protectorado.
José De La torre Ugarte (letra) y Bernardo Alcedo (música) fueron los ganadores del concurso. El Himno Nacional recibió reconocimiento oficial por ley del 15 de abril de 1822. Hasta donde he revisado –y si algún colega tiene información hacerla llegar- la letra del Himno no llegó a publicarse oficialmente, la única publicación de la cual se tiene cuenta es el libro escrito por Bernardo Alcedo “Filosofía Elemental de la Música” publicado en Lima 1869. Las notas del Himno Nacional se entonaron por primera vez el 23 de setiembre de 1821 con motivo de la celebración de la entrega del Real Felipe por parte de José La Mar.

De la Torre Ugarte, abogado, con estudios en San Marcos, fue un leal colaborador de San Martín, también fue colaborador de Riva Agüero como oficial mayor del ministerio de Guerra y Marina, auditor de guerra en 1827 y finalmente vocal de la corte superior de La Libertad en 1830, muere en Trujillo el 1 de setiembre 1831 desempeñando este importante cargo. Escribió algunas canciones populares como “La Chicha” a la cual Alcedo le puso música y que era fervorosamente cantada durante el gobierno de San Martín. Bernardo Alcedo por su parte, desde niño se dedicó a la música, fue instruido por maestros religiosos de San Agustín y Santo Domingo, vivió mucho tiempo en Chile hasta 1864 que regresó definitivamente a su patria. Participó en las dos campañas a puertos intermedios. En 1869 publicó en Lima el libro “Filosofía elemental de la música”. Fue miembro de la sociedad Fundadores de la Independencia, presidente vitalicio honorario de la sociedad Filarmónica de Lima y director general de las bandas de música del ejército, falleció en Lima el 28 de diciembre de 1878. Como vemos, ambos personajes estuvieron muy vinculados al fenómeno independentista. Es precisamente en su obra “Filosofía elemental de la música”, donde Bernardo Alcedo denuncia las variaciones sufridas por el himno nacional y que distaban del himno original. Bernardo explica que desde la década del 40 del siglo XIX (anarquía militar) la estrofa “largo tiempo el peruano oprimido…” fue añadida como parte del himno. Es precisamente en el mismo libro donde Bernardo presenta una copia que guardaba de la composición del doctor De la Torre Ugarte, proponiendo que se haga la corrección. Esta estrofa siguió cantándose hasta el día de hoy, aunque en el discurrir histórico muchos historiadores, poetas e intelectuales se han pronunciado al respecto definiéndose dos corrientes: aquellos que plantean anular la estrofa apócrifa volviendo a la original que escribiera de la Torre Ugarte y por otro lado aquellos que plantean la permanencia del himno nacional actual, respaldados en la tradición. Para definir nuestra posición debemos tomar en cuenta datos adicionales.
La letra que escribiera el doctor José de la Torre Ugarte como “Marcha Nacional”, ha enfrentado diversas críticas. Por los años de 1870, se formó en Lima, el Club Literario con la mejor gente de la segunda generación liberal de su época, entre los cuales estaba el gran poeta Luís Benjamín Cisneros y el gran historiador y hombre de ciencia en el Perú don Eugenio Larraín de Huánuco, jóvenes a la sazón, preocupados precisamente por la mala calidad de los versos de De La Torre Ugarte, aunque no es la calidad del verso lo que le da forma ni calidad al himno, sino la expresión que este hace del alma nacional; ambos literatos ilustres, proponen al Club Literario que se haga una revisión y que se cambie definitivamente esta letra. El Club Literario aprueba el estudio de una nueva letra con el objeto de sustituir a la tradicional, aunque con carta del 15 del de junio de 1874 Benjamín Cisneros y don Eugenio Larraín desisten de dicha propuesta, pero el debate quedó abierto. A inicios del siglo XX el presidente Eduardo López de Romaña convoca a concurso para cambiar la letra del himno nacional, el ganador fue el poeta José Santos Chocano. El motivo fundamental del cambio de letra era su antihispanismo ya que por entonces el Perú estaba en paz y gran amistad con España, habiendo aceptado S.M el Rey ser árbitro en su ligio territorial con Ecuador. La convocatoria al concurso dio lugar a múltiples discusiones y el nombramiento del jurado dictaminador, uno de sus miembros resultó ser el tradicionalista Ricardo Palma quien estuvo de acuerdo con el cambio de las estrofas excepto el coro. Santos Chocano, con el seudónimo de Improntu, ganó el concurso, aunque no se expidió una resolución suprema que oficializara el nuevo Himno, ni se cumplió con el premio “una medalla de oro”, lo cierto es que la nueva letra fue cantada en los colegios hasta 1912. Entre los que fueron niños entonces encontramos al ilustre Luis Alberto Sánchez quien en un articulo publicado en el diario la prensa (03 de marzo de1974) se recuerda entonando las estrofas del nuevo himno. El presidente Billingursth, el 26 de febrero de 1813, promulga el decreto ley Nº 1801 en la cual declara oficial e intangible, el himno nacional letra de don José de la Torre Ugarte y música de Don Bernardo Alcedo y adoptado por el supremo gobierno en 1821. Cuando se consigna la letra del himno aparece una estrofa que no corresponde al puño del doctor De La Torre Ugarte aquella que dice “Largo tiempo el peruano oprimido, la ominosa cadena arrastró…”. Según algunos estudios que he tenido oportunidad de revisar, como es la investigación de Jorge Raygada, trabajo prologado por Jorge Basadre, encontramos que la estrofa consignada como apócrifa “largo tiempo el peruano oprimido:..” y que para algunos historiadores es denigrante y no se ajusta a la verdad histórica, era cantada por negros en Lima antes del ingreso de San Martín y fue conocida como la primera canción patriótica. Esta “primera canción patriótica” fue entonada en el momento en que se produce la marcha de los realistas encabezados por Canterac, que bajan de las alturas de la sierra y ocupan la plaza del Callao, frente a la amenaza de Canterac, estando reunidos en el Teatro principal - hoy Teatro Segura- los distinguidos representantes de la sociedad limeña, aparece improvisadamente San Martín y anuncia el riesgo que enfrenta la capital; ante la noticia la multitud que llena el teatro se levanta e inmediatamente y entona espontáneamente la primera canción nacional, "Largo tiempo el peruano oprimido…". Como vemos han sido múltiples intelectuales, quienes a través del tiempo han cuestionado la letra de don De La Torre Ugarte. Pero la letra de un Himno responde a un momento, a una coyuntura en la cual el sentir de los actores involucrados se ven representados. La estrofa “largo tiempo el peruano oprimido” fue un cántico patriota, entonado generalmente por las clases populares, que responde al sentir de una época, inclusive antes de cantar oficialmente el himno de don José De La Torre Ugarte ya se entonaba “largo tiempo….”. Esta estrofa esta relacionada a los grupos populares, sector que masivamente apoyaron a las tropas independentistas e hizo lo que la débil, taciturna y tibia aristocracia limeña no se atrevió.
Se ha mencionado entre quienes pretenden eliminar la estrofa “apócrifa” que esta hace alusión a que no hubo rebeldía frente al invasor, hecho que esta descartado por cientos de rebeliones y movimientos indígenas que se produjeron en 280 años de explotación, desde los generales atahualpistas quiteños hasta el apoyo recibido por los libertadores de las masas indígenas en pleno siglo XIX; pero en conjunto la situación colonial sí fue la de un gemido permanente, gemido que era la expresión de dolor de un pueblo que se sentía postergado y sometido por una dominación extranjera y que levanta la cabeza, entonces, después de largo tiempo para proclamar la libertad que ha llegado a sus costas en manos de San Martín. Esta podría ser la interpretación del "largo tiempo el peruano oprimido" que hemos cantado desde el colegio y que han cantado -y eso es lo más importante- no solo las generaciones presentes sino todas las generaciones del Perú desde 1821. Además, el Himno Nacional tal cual lo percibimos hoy está arraigado en la tradición popular, como ya hemos dicho un himno refleja la realidad de un momento y en el momento de su creación existía la euforia de la victoria lograda en la guerra de la independencia. Es así que temas como la esclavitud, el sufrimiento de la opresión, problemas sociales resueltos mucho después se explican por su contexto temporal, que siempre es cambiante y que, por tanto, no puede suscitar la modificación del contenido del himno una y otra vez. El poeta y catedrático Marco Martos, para quien la tradición también es una fuente válida. Nos dice:"No interesa tanto quién la creó. La historia ha demostrado que hubo muchas versiones que no prosperaron porque la tradición popular se impuso. Es como cambiar el nombre a una calle. Aún cuando en los mapas y carteles aparezca el nombre nuevo, la gente la seguirá llamando de la anterior manera". Por ello, no importa cuantos himnos oficiales haya tenido el Perú; sino, cuanta fuerza ha tenido la tradición popular para mantener vigente hasta hoy el que ha sido nuestro único y verdadero himno nacional.
Alexander Murazzo Vásquez

martes, julio 11, 2006

Décima negra tributo al "Santo de la Espada"

Cuando llegó San Martín

Cuando llegó San Martín
sonaron muchas matracas.
Decía una negra vieja:
“Chirimoyero Chancaca”…

En mil ochocientos veinte
Lima patriota se agita,
En cada pecho palpita
Un corazón insurgente.
Sucumbió heroicamente
tupamaro, el paladín,
pero escrito estaba el fin
del dominio chapetón.
Ica vibró de emoción
Cuando llegó San Martín.

Oh, casta de los caudillos
Que se dan sin pedir nada:
Aquel “Santo de la Espada”
burla bombos y platillos;
con ademanes sencillos
pisa la costa en Paracas.
(Disuenan las alharacas
de otros muchos que en la historia
sin aportar mayor gloria
sonaron muchas matracas)

Entra San Martín a Lima,
Huye a la sierra el virrey.
Se da por fin una ley
Que nos absuelve y redima.
Ya todo el pueblo se anima
Y su libertad festeja: ”Que Juana la Beltraneja
Recoja la caña brava,
Pues ya no soy más esclava”
- decía una negra vieja …

Hoy, al sesquicentenario
Del histórico suceso,
La patria acusa progreso
Contra el yugo feudatario.
Y aunque aún el proletario
De ser libre poco saca,
Matemos a la vaca flaca
Comiendo en este “28”
A falta de buen biscocho
“Chirimoyero, Chancaca”…

Don Nicomedes Santa cruz
(Fuente: Decimas y poemas, antología 1971)

jueves, junio 22, 2006

Testamento Del Libertador del Norte Bolivar

Testamento de su excelencia, Libertador de Colombia, Gral. Simón Bolívar Palacios
Santa Marta, 10 de diciembre de 1830
En nombre de Dios todo Poderoso. Amén. Yo, Simón Bolívar, Libertador de la República de Colombia, natural de la ciudad de Caracas en el Departamento de Venezuela, hijo legitimo de los señores Juan Vicente Bolívar y María Concepción Palacios, difuntos, vecinos que fueron de dicha ciudad, hallándome gravemente enfermo, pero en mi entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo y confesando como firmemente creo y confieso el alto y soberano misterio de la Beatísima y Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios que cree, predica y enseña nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana, bajo cuya fe y creencia he vivido y protesto vivir hasta la muerte, como Católico fiel Cristiano, para estar prevenido cuando la mía me llegue con disposición textamental, bajo la invocación divina, hago, otorgo y ordeno mi Textamento en la forma siguiente:
Primeramente encomiendo mi Alma a Dios nuestro Señor que de la nada la crió, y el cuerpo a la tierra de que fue formado, dejando a disposición de mis Albaseas el funeral y entierro, y el pago de las mandas que sean necesarias para obras pías, y estén prevenidas por el gobierno.
I.- Declaro: fui casado legalmente con la Sra. Teresa Toro, difunta, en cuyo matrimonio no tuvimos hijo alguno.
II.- Declaro: que cuando contraximos matrimonio, mi referida esposa, no introdujo a el ninguna dote, ni otros bienes, y yo introduje todo cuanto heredé de mis padres.
III.-Declaro: que no poseo otros bienes mas que las tierras y minas de Aroa, situadas en la Provincia de Carabobo, y unas alhajas que constan en el inventario que debe hallarse entre mis papeles, las cuales existen en poder del Sr. Juan de Francisco Martín vecino de Cartagena.
IV.-Declaro: que solamente soy deudor de cantidad de pesos a los señores Juan de Francisco Martín y Poules y Compañía, y prevengo a mis Albaseas que estén y pasen por las cuentas que dichos Señores presenten y las satisfagan de mis bienes.
Es mi voluntad: que la medalla que me presentó el Congreso de Bolívia a nombre de aquel pueblo, se le devuelva como se lo ofrecí, en prueba del verdadero afecto, que aún en mis últimos momentos conservo a aquella República.
Es mi voluntad: que las dos obras que me regalo mi amigo el Sr. Gral. Wilson, y que pertenecieron antes a la biblioteca de Napoleón tituladas "El Contrato Social" de Ruseau y "El Arte Militar" de Montecuculi, se entreguen a la Universidad de Caracas.
Es mi voluntad: que de mis bienes se le den a mi fiel mayordomo José Palacios la cantidad de ocho mil pesos, en remuneración a sus constantes servicios.
Ordeno: que los papeles que se hallan en poder del Sr. Pavageau, se quemen.
Es mi voluntad: que después de mi fallecimiento, mis restos sean depositados en la ciudad de Caracas, mi país natal.
Mando a mis Albaceas que la espada que me regaló el Gran Mariscal de Ayacucho, se devuelva a su viuda para que la conserve, como una prueba del amor que siempre he profesado al espresado Gran Mariscal.
Mando a mis Albaceas se den las gracias al Sr. Gral. Roberto Wilson por el buen comportamiento de su hijo el Coronel Belford Wilson, que tan fielmente me ha acompañado hasta los últimos momentos de mi vida.
Para cumplir y pagar este mi textamento y lo en el contenido, nombro por mis Albaceas textamentarios, fidei comisarios, tenedores de bienes a los Sres. Gral. Pedro Briceño Méndes, Juan de Francisco Martín, Dr. José Vargas, y el Gral. Laurencio Silva, para que de mancomún et insolidum entre en ellos, los beneficien y vendan en almoneda o fuera de ella, aunque sea pasado el año fatal de Albaceasgo pues yo les prorrogo el demás tiempo que necesiten, con libre franca, y general administración.
Y cumplido y pagado este mi textamento y lo en el contenido instituyo y nombro por mis únicos y universales herederos en el remanente de todos mis bienes, deudas, derechos y acciones, futuras sucesiones en el que haya sucedido y suceder pudiere, a mis hermanas María Antonia y Juana Bolívar y a los hijos de mi finado hermano Juan Vicente Bolívar, a saber, Juan, Felicia y Fernando Bolívar, con prevención de que mis bienes deberán dividirse en tres partes, las dos para mis dichas hermanas, y la otra parte para los referidos hijos de mi indicado hermano Juan Vicente, para que lo hayan, y disfruten con la bendición de Dios.
Y revoco, anulo, y doy por de ningún valor ni efecto otros testamentos, codicilos, poderes y memorias que antes de este haya otorgado por escrito, de palabra o en otra forma para que no prueben ni hagan fe en juicio, ni fuera de el, salvo el que presente que ahora otorgo como mi ultima y deliberada voluntad, o en aquella vía y forma que mas halla lugar en derecho. En cuyo testimonio así lo otorgo en esta hacienda San Pedro Alejandrino de la comprensión de la ciudad de Santa Marta a diez de diciembre de 1830.
Y su excelencia el otorgante a quien yo, infrascrito, Escribano Publico del Número certifico que conozco, y de que al parecer está en su entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, así lo dijo, otorgó y firmó por ante mí en la casa de su habitación, y en éste mi Registro Corriente de Contratos Públicos siendo testigos los S.S.: Gral. Mariano Montilla, Gral. José María Carreño, Coronel Belford Hinton Wilson, Coronel José de la Cruz Paredes, Coronel Joaquín de Mier, Primer Comandante Juan Glenn y el Dr. Manuel Pérez Recuero, presentes.
Ante mí, José Catalino Noguera, Escribano Público.

Textos tomados de:
Luces de Bolívar en la red

miércoles, junio 21, 2006

El Protectorado Notificaciones del Libertador
















Acta expedida en Lima el 24 de Noviembre de 1821 por el gran Protector de la Independencia del Perú el Generalisimo Don José de San Martín Matorras; a través de la cual se dictamina que cualquier esclavo que pise el territorio nacional será libre del dominio de su amo, se hace extensivo el compromiso a los presidentes de los departamentos para que notifiquen de la manumisión a los esclavos que llegasen a los puertos libres del Perú. (Fuente: Archivo General de la Nación del Perú).


Documento emitido el 3 de setiembre de 1821, a través del cual el General San Martín convoca a los vecinos panaderos, pulperos, abastecedores de trigo, harina, arroz o frijoles que colaboren con estos víveres para el sostenimiento de las tropas, estos alimentos debían alcanzarse a la brevedad a los centuriones de los cuarteles. Convovoca también a los vecinos para que provean de frazadas o algún material de abrigo para los soldados. (Fuente: Archivo General de la Nación del Perú).





martes, junio 13, 2006

El testamento de José de San Martín


"El sable que me ha acompañando en toda la Guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el horror de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla".
Fuente: Grand-Bourg, 21 de septiembre de 1839. (Carta a su gran amigo Gregorio Gómez)

"Es con verdadero sentimiento que veo el estado de nuestra desgraciada patria, y lo peor de todo es que no veo una vislumbre de que mejore la suerte. Tú conoces mis sentimientos y por consiguiente no puedo aprobar la conducta del General Rosas cuando veo una persecución contra los hombres mas honrados de nuestro país; por otra parte el asesinato del Dr. Masa me convense de que el gobierno de Bs. As. no se apoya sino en la violencia. A pesar de esto yo no aprobaré jamás el que ningún hijo de los países una a una nación extranjera para humillar su patria". "José de San Martín".
Fuente: (Copiado por el Coronel R. Bartolomé Descalzo) Libro: San Martín soldado de la libertad, Museo Histórico Nacional Bs. As.

Carta de San Martín a Bolivar 29 agosto de 1822

“Lima, 29 de agosto de 1822
Excmo. Señor Libertador de Colombia, Simón Bolívar.
Querido General.
Dije a usted en mi última, de 23 del corriente, que habiendo reasumido el mando supremo de esta república con el fin de separar de él al débil e inepto Torre Tagle, las atenciones que me rodeaban en aquel momento no me permitían escribirle con la extensión que deseaba; ahora al verificarlo, no sólo lo haré con la franqueza de mi carácter, sino con la que exigen los grandes intereses de América.
Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, o que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, o que mi persona le es embarazosa. Las razones que usted me expuso, de que su delicadez no le permitiría jamás mandarme, y que, aún en el caso de que esta dificultad pudiese ser vencida, estaba seguro que el Congreso de Colombia no consentiría su separación de la República, permítame general, le diga no me han parecido plausibles. La primera se refuta por sí misma. En cuanto a la segunda, estoy muy persuadido, que la menor manifestación suya al Congreso sería acogida con unánime aprobación cuando se trata de finalizar la lucha en que estamos empeñados, con la cooperación de usted y la del ejército de su mando; y que el alto honor de ponerle término refluirá tanto sobre usted como sobre la república que preside.
No se haga ilusión, General. Las noticias que tiene de las fuerzas realistas son equivocadas; ellas montan en el Alto y Bajo Perú a más de 19 000 veteranos, que pueden reunirse en el espacio de dos meses. El ejército patriota, diezmando por las enfermedades, no podrá poner en línea de batalla sino 8500 hombres, y de éstos, una gran parte reclutas. La división del general Santa Cruz (cuyas bajas según me escribe este general, no han sido reemplazadas a pesar de sus reclamaciones) en su dilatada marcha por tierra, debe experimentar una pérdida considerable, y nada podrá emprender en la presente campaña. La división de 1400 colombianos que usted envía será necesaria para mantener la guarnición del Callao y del orden de Lima. Por consiguiente, sin el apoyo del ejército de su mando, la operación que se prepara por puertos intermedios no podrá conseguir las ventajas que debían esperarse si fuerzas poderosas no llamaran la atención del enemigo por otra parte, y así la lucha se prolongará por un tiempo indefinido. Digo indefinido porque estoy íntimamente convencido, que sea cuales fueren las vicisitudes de la presente guerra, la independencia de América es irrevocable; pero también lo estoy, de que su prolongación causará la ruina de sus pueblos, y es un deber sagrado para los hombres a quienes están confiados sus destinos, evitar la continuación de tamaños males.
En fin, general; mi partido está irrevocablemente tomado. Para el 20 del mes entrante he convocado el primer congreso del Perú, y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide a usted venir al Perú con el ejército de su mando. Para mí hubiese sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien la América debe su libertad. El destino lo dispone de otro modo, y es preciso conformarse.
No dudando que después de mi salida del Perú, el gobierno que se establezca reclamará la activa cooperación de Colombia, y que usted no podrá negarse a tan justa exigencia, remitiré a usted una nota de todos los jefes cuya conducta militar y privada puede ser a usted de alguna utilidad su conocimiento.
El general Arenales quedará encargado del mando de las fuerzas argentinas. Su honradez, coraje y conocimientos, estoy seguro lo harán acreedor a que usted le dispense toda consideración.
Nada diré a usted sobre la reunión de Guayaquil a la República de Colombia. Permítame, general, que le diga, que creí que no era a nosotros a quienes correspondía decidir este importante asunto. Concluida la guerra, los gobiernos respectivos lo hubieran transado, sin los inconvenientes que en el día pueden resultar a los intereses de los nuevos estado de Sud América.
He hablado a usted, general, con franqueza, pero los sentimientos que exprime esta carta, quedarán sepultados en el más profundo silencio; si llegasen a traslucirse, los enemigos de nuestra libertad podrían prevalecerse para perjudicarla y los intrigantes y ambiciosos para soplar la discordia.
Con el comandante Delgado, dador de ésta, remito a usted una escopeta y un par de pistolas juntamente con un caballo de paso que le ofrecí en Guayaquil. Admita usted, general, esta memoria del primero de sus admiradores.
Con estos sentimientos y con la de desearle únicamente sea usted quien tenga la gloria de terminar la guerra de la independencia de América del Sud, se repite su afectísimo servidor.
José de San Martín”

Fuente: Lecuna, V. “Cartas del Libertador”; tomo II, p. 380.