martes, mayo 29, 2007

El TERCER MILITARISMO: La Alianza Oligarquía - Militares

POR EL LIC. HENRY ZAPATA PALOMINO
El colapso del leguiísmo fue celebrado por los Sanchez cerristas como “el fin de una dictadura” y como prueba del desfogue antileguísta, se creó un “Tribunal de Sanción” que se encargó de perseguir a todos los que se beneficiaron con el fenecido régimen. Sánchez Cerro estaba obligado a resolver las demandas populares a través de medidas de emergencia; la abolición de la ley de conscripción vial y “el manifiesto de Arequipa” así lo demostraron.
Sánchez Cerro, quien había señalado su intensión de convocar a elecciones de inmediato, dio muestras de querer quedarse en el poder lo que motivó a varias intentonas golpistas que obligaron a su renuncia y retiro del poder en abril de 1931.
Para aquel entonces se concluía el estatuto electoral elaborado por ocho intelectuales de diferentes tiendas políticas. Este estatuto fue toda una innovación en nuestra historia electoral pues el proceso electoral estaría desligado del poder ejecutivo, sería mediante un padrón electoral y mediante el voto secreto para elegir en forma simultanea a miembros del congreso y al nuevo presidente del Perú.
Para las elecciones de 1931 destacaban las candidaturas de Sánchez Cerro por los urristas y Haya de la Torre por los apristas. El resultado fue favorable a La Unión Revolucionaria con 152 062 votos contra los 106 007 votos para el APRA. Los apristas no solo no reconocieron el resultado, sino que declararon su franca rebeldía y confrontación con el nuevo mandatario el punto de declarar “EL presidente Moral del Perú” a Haya de la Torre. El desconocimiento y enfrentamiento de este proceso electoral introdujo al Perú en una nueva y turbulenta etapa de su historia.
Para Jorge Basadre, desde el golpe de estado de 1930 hasta el asesinato de Sánchez Cerro, se sucedieron cuatro momentos muy marcados:

a) El confuso periodo de la junta de gobierno dirigida por Sánchez Cerro (del 22 de agosto de 1930 hasta el 1 de marzo de 1931)
b) El periodo de la frágil estabilidad de la segunda junta de gobierno que va hasta diciembre de 1931 - la junta civil de Arequipa, presidida por Samanez Ocampo-.
c) El periodo pre revolucionario aprista propiciado por los resultados electorales y prolongados hasta marzo de 1932.
d) La guerra civil, marcada por la revolución de Trujillo y seguida por una serie de atentados que concluyeron con el asesinato de Sánchez Cerro en abril de 1933.

En el aspecto económico, el repliegue del mercado mundial tras la crisis de 1929 primero y la Segunda Guerra Mundial después, nuestro país empezó una tímida política de apoyo a la industria nacional. Respecto a la devaluación monetaria vivida por la caida de la bolsa de valores de Nueva York, el estado peruano incrementó la política proteccionista a su industria. A partir de 1930 el Perú pasó por un doble proceso económico: las actividades predominantes del pasado (minería y agro exportación) se retrajeron mientras que las actividades de mediana y pequeña escala (de mejor redistribución y mayor empleo de fuerza laboral) se incrementaron.
Ideológicamente, los años 30 se caracterizan por el aparente fascismo en el que se sumergió la clase gobernante peruana. Es cierto que en estos días se incrementaron los simpatizantes fascistas y que se publicaron una serie de textos de abierta simpatía al fascismo y al nacismo pero es muy complicado en realidad explicar estos conceptos en un país sin mayor base ideológica ni doctrinaria para la época. Tanto Sánchez Cerro como Benavides han sido sindicados como gobernantes fascistas por sus vínculos con la Unión Revolucionaria, sin embargo las relaciones entre uno y otro no fue siempre la mejor, sobre todo porque durante esta época no se aceptó el funcionamiento de partidos políticos en general. Los mismos ideólogos fascistas señalaban que el Perú no estaba preparado para un gobierno de este tipo, he inclusive algunos consideraban a Benavides como un incapaz para aplicar dicha doctrina. Respecto a la Unión revolucionaria, nunca fue tomada en cuenta por los diplomáticos italianos y el propio Luis Flores –quien se definía como fascista- fue poco conocido debido al escaso arraigo popular con el que contaba en el Perú.

martes, mayo 08, 2007

EPOPEYA LA VERSIÓN DE UN SOLDADO CHILENO


Quisiera comentar brevemente, el significado que tiene para el Perú, la emisión del documental chileno Epopeya, que se acaba de estrenar la semana pasada en Chile, y en la cual se intenta presentar una “nueva visión” de la guerra del pacífico, ahora vista desde la “supuesta” perspectiva de un soldado, cuyo cuerpo se encontró en Lima ciento veinte años después de la guerra.
El documental versa entorno a la supuesta lectura que le da aquel soldado chileno a la guerra del pacífico. En principio, hay que reconocer que para dicho documental se ha considerado, opiniones serias y diversas de los tres países involucrados en el conflicto Chile, Perú y Bolivia; aunque no se ha hecho un deslinde o aclare entre los comentarios vertidos por los probos profesionales y la narración del soldado desconocido, dicho de otra manera, mezclan ficción con interpretación histórica, lo cual genera especulación, respecto al mensaje subliminal que pueda guardar este documental y que ya se viene comentando en algunos círculos. Este manejo de la información -sea involuntario o con razón de causa- permite tener cierta libertad subjetiva (si cabe el término) al momento de presentar la información e interpretación de los hechos. Por ejemplo lo que llamó mi atención, es el hecho que, chile insiste en fijar como causa desencadenante del conflicto la confabulación diplomática entre dos países, que se unieron en contra de la soberanía e intereses chilenos, esto en el discurso del soldado. Mientras que, los Historiadores invitados de los tres países, han coincidido en indicar como causa principal, el tema económico, es decir, el problema salitrero y los intereses de los diferentes consorcios que manejan el mercado salitrero a nivel mundial. Estos contrastes lo vamos a observar en algunos pasajes del documental que terminan por confundir al receptor de la información. Además, se presenta una visión muy reducida, casi miope de lo que fue el combate de Iquique, si bien es cierto, se ensalza la imagen humanista y caballeresca de Grau además del heroísmo de Prat, no se tomó en consideración la otra faceta del combate, la que protagonizaban en ese mismo momento la Independencia y la Covadonga, me refiero, al naufragio de nuestra mejor embarcación “la Independencia” y el acto cobarde de los soldados Chilenos de ultimar a tiros desde la borda del buque de madera a los marinos peruanos náufragos, .
En fin, no quiero extenderme en mi comentario, simplemente quisiera fijar mi posición respecto a lo que debería hacer el Perú; en principio seamos concientes que históricamente hemos tenido a los diplomáticos menos exitosos de la historia americana y me atrevería a decir mundial, y actualmente estamos revisando la delimitación marítima con Chile, al cual, si nos ceñimos a la historia no se auguran buenos resultados. Por otro lado, debemos estar alertas, Chile ya lanzó el mensaje a través del documental: ¡por problemas diplomáticos comenzó la guerra del 79’!, esto debe tener respuesta inmediata, ¡no diplomática por favor!.... A algún disparatado nacionalista se le podría ocurrir “Guerra a Chile”, nada más alejado de la realidad. La respuesta debe darse a través de la misma vía, un documental serio, basado en hechos históricos contrastados y lo más importante, que tome como fuente directa a historiadores de los tres países involucrados quienes libremente fijen su posición y al final hallar consenso en busca de la objetividad histórica. Debemos olvidar resentimientos pasado, y analizar la historia como realmente es: la herramienta que nos permite aproximarnos a la realidad, para poder entender verdaderamente nuestro pasado, comprender nuestro presente y proyectarnos sin temor al futuro que hasta ahora nos es incierto.
Entender además, de una vez por todas, que perdimos la guerra por problemas que aún nos siguen aquejando, regionalismos, fragmentación, incapacidad programática de nuestros políticos, incapacidad política de cohesión social, marginación de clases populares ..… etc. Y no seguir culpando a Chile de nuestra merecida derrota. Llegó el momento de mirar a Chile como nuestro rival sí, pero competitivamente hacerle frente e intentar superarlo en todas las áreas, culturales, sociales, políticas, económicas..etc esa debería ser nuestra venganza, proyección o prestando el término de Flores Galindo, almenos nuestra utopía. Superar a Chile no es complicado compatriotas y lo mejor es que nosotros sí tenemos con qué hacerlo.

martes, mayo 01, 2007

ANÉCDOTA DE UN BRINDIS POR MIGUEL GRAU:HÉROE QUE DEJÓ HUELLA




Algunos años después de la guerra del pacífico tuvo lugar una reunión de altos oficiales militares argentinos y chilenos, en la cual ocurrió un muy interesante imprevisto......
Publicada por "El Heraldo" de Valparaíso el 25 de febrero de 1889.




"El cónsul argentino en Chile, ofreció una comida a la oficialidad de la cañonera, a la cual asistió el Comandante General chileno.
En ella se gastaron las mismas cariñosas atenciones, la misma franca cordialidad, la misma fraternidad abierta que siempre han encontrado nuestros huéspedes desde que entraron por primera vez en aguas chilenas, al fondear en Punta Arenas, y que han encontrado después en Talcahuano y en Valparaíso. Cuando se retiraron de la mesa del Cónsul, uno de los presentes propuso ir a vaciar la última copa de champaña al Club Valparaíso, el centro social más escogido tal vez de nuestra ciudad.
Aceptada la invitación, todos se dirigieron al Club, donde los marinos argentinos fueron presentados a los que allí estaban, y donde se les atendió con la misma galantería, mientras se preparaba rápidamente la cena.

Una vez en el comedor, y llenadas las copas de champaña, el caballero propuso vaciarlas en homenaje a un gran guerrero americano que simbolizaba la fraternidad de Chile y la Argentina, y cuyo nombre glorioso, que vivirá siempre en la historia y en el corazón de los dos pueblos, sería perpetuo lazo de unión para ambos: en homenaje al General San Martín.
Como se ve, ningún recuerdo podía ser más cortés ni más oportuno en aquellos momentos en que se festejaba a oficiales de guerra argentinos. Se evocaba una gran figura de una epopeya común a Chile y aquella república, y se colocaba así, en momentos de expansión y de afecto, a chilenos y argentinos a la luz fraternal de una gloria común.
Levantóse para contestar el brindis uno de los marinos argentinos, y pidió una copa por otra figura inmortal de la historia americana, por un héroe legendario, cuya gloria bastaba por sí sola para dar honor a un continente, por un marino que debió alumbrar al mismo océano en la reciente guerra del Pacífico, por uno de esos guerreros sublimes, ante los cuales el sentimiento de la nacionalidad desaparece para dejar sólo en el alma el sentimiento de la admiración.
Todos veían ya brillar en los labios del marino argentino el nombre de Prat, y con la copa levantada esperaban que fuese pronunciado ese nombre augusto y querido, para dar expresión a los sentimientos generosos del entusiasmo y la fraternidad.
Por un héroe eminentemente americano, continuó el marino argentino; por el inmortal marino a quien todos los que seguimos la carrera del mar debemos tomar como ejemplo y como modelo: por Miguel Grau.
Difícil sería pintar la impresión que causaron estas palabras; una bomba que hubiese estallado en medio de la sala no habría producido un movimiento igual de estupor.
Las copas volvieron a caer llenas sobre la mesa, y pasado el primer momento de asombro, que casi no había dejado lugar a indignación, circuló naturalmente por los asientos un aire amenazador, duramente reprimido por el hidalgo sentimiento de encontrarse los ofendidos dentro de su propia casa.
El mismo Comandante argentino quedó sorprendido de la inesperada salida de su oficial, y notando la impresión desastrosa que sus palabras habían producido trató de salvar aquella situación imposible:
“Señores, dijo, mi compañero se ha equivocado sin duda; poco habituado a los nombres, ha confundido seguramente el de Grau con el de Prat; su intención ha sido pedirnos una copa por Arturo Prat”.
La explicación no era excesivamente aceptable; pero el autor del brindis se encargó de poner en claro las cosas:
“No, señores, insistió; he dicho Miguel Grau, y no me he equivocado; mi intención ha sido beber una copa por Miguel Grau”.
Aquello pasó de los límites de lo posible. Con secas y breves palabras de protesta, todos se retiraron de la sala. Era el único camino que quedaba, si no quería darse a esa absurda escena un desenlace sangriento. La cadena de la hospitalidad ató muchos brazos que en otras circunstancias, se habrían levantado como el rayo en pos de la ofensa”.