jueves, octubre 08, 2020

ANÉCDOTA DE UN BRINDIS POR MIGUEL GRAU: PERUANO DEL MILENIO

"El cónsul argentino en Chile, ofreció una comida a la oficialidad de la cañonera, a la cual asistió el Comandante General chileno. En ella se gastaron las mismas cariñosas atenciones, la misma franca cordialidad, la misma fraternidad abierta que siempre han encontrado nuestros huéspedes desde que entraron por primera vez en aguas chilenas, al fondear en Punta Arenas, y que han encontrado después en Talcahuano y en Valparaíso. Cuando se retiraron de la mesa del Cónsul, uno de los presentes propuso ir a vaciar la última copa de champaña al Club Valparaíso, el centro social más escogido tal vez de nuestra ciudad. Aceptada la invitación, todos se dirigieron al Club, donde los marinos argentinos fueron presentados a los que allí estaban, y donde se les atendió con la misma galantería, mientras se preparaba rápidamente la cena. Una vez en el comedor, y llenadas las copas de champaña, el caballero propuso vaciarlas en homenaje a un gran guerrero americano que simbolizaba la fraternidad de Chile y la Argentina, y cuyo nombre glorioso, que vivirá siempre en la historia y en el corazón de los dos pueblos, sería perpetuo lazo de unión para ambos: en homenaje al General San Martín. Como se ve, ningún recuerdo podía ser más cortés ni más oportuno en aquellos momentos en que se festejaba a oficiales de guerra argentinos. Se evocaba una gran figura de una epopeya común a Chile y aquella república, y se colocaba así, en momentos de expansión y de afecto, a chilenos y argentinos a la luz fraternal de una gloria común. Levantóse para contestar el brindis uno de los marinos argentinos, y pidió una copa por otra figura inmortal de la historia americana, por un héroe legendario, cuya gloria bastaba por sí sola para dar honor a un continente, por un marino que debió alumbrar al mismo océano en la reciente guerra del Pacífico, por uno de esos guerreros sublimes, ante los cuales el sentimiento de la nacionalidad desaparece para dejar sólo en el alma el sentimiento de la admiración. Todos veían ya brillar en los labios del marino argentino el nombre de Prat, y con la copa levantada esperaban que fuese pronunciado ese nombre augusto y querido, para dar expresión a los sentimientos generosos del entusiasmo y la fraternidad. Por un héroe eminentemente americano, continuó el marino argentino; por el inmortal marino a quien todos los que seguimos la carrera del mar debemos tomar como ejemplo y como modelo: por Miguel Grau. Difícil sería pintar la impresión que causaron estas palabras; una bomba que hubiese estallado en medio de la sala no habría producido un movimiento igual de estupor. Las copas volvieron a caer llenas sobre la mesa, y pasado el primer momento de asombro, que casi no había dejado lugar a indignación, circuló naturalmente por los asientos un aire amenazador, duramente reprimido por el hidalgo sentimiento de encontrarse los ofendidos dentro de su propia casa. El mismo Comandante argentino quedó sorprendido de la inesperada salida de su oficial, y notando la impresión desastrosa que sus palabras habían producido trató de salvar aquella situación imposible: “Señores, dijo, mi compañero se ha equivocado sin duda; poco habituado a los nombres, ha confundido seguramente el de Grau con el de Prat; su intención ha sido pedirnos una copa por Arturo Prat”. La explicación no era excesivamente aceptable; pero el autor del brindis se encargó de poner en claro las cosas: “No, señores, insistió; he dicho Miguel Grau, y no me he equivocado; mi intención ha sido beber una copa por Miguel Grau”. Aquello pasó de los límites de lo posible. Con secas y breves palabras de protesta, todos se retiraron de la sala. Era el único camino que quedaba, si no quería darse a esa absurda escena un desenlace sangriento. La cadena de la hospitalidad ató muchos brazos que en otras circunstancias, se habrían levantado como el rayo en pos de la ofensa”.

miércoles, febrero 19, 2020

GUANO, CORRUPCIÓN, REBELIÓN Y CONSTITUCIONES


El presidente más trascendente del siglo XIX fue Ramón Castilla. Con él inició el boom guanero, explotado a través de consignatarios (casa inglesa Gibss) sistema que generó importantes ingresos para el Estado, lo que hizo posible la ejecución de obras públicas, inversión militar y el saneamiento de deudas. 

La deuda acumulada más importante del Estado peruano correspondía a las guerras de independencia. Para subsanar este problema, durante su primer gobierno, Ramón castilla decretó la “ley de consolidación” o “ley de cancelación de deuda”. De esta manera quedó saneada la deuda externa con todos los países y ejércitos americanos que habían participado en esta gesta. A nivel interno, todos los patriotas que habían aportado algún bien o servicio a la causa de independencia serían retribuidos en su aporte, inclusive considerando los intereses por el tiempo transcurrido. Esta ley era una forma de capitalizar a la, venida a menos, burguesía civil; que había quedado fragmentada y muy golpeada a consecuencia de este proceso. 

La mayor parte de los aportes estaban registrados a través de “bonos de reconocimiento”, documento en el cual se consignaban los bienes cedidos o confiscados y el monto asignado como aporte. Ramón Castilla ordenó el empadronamiento de los bonos a fin de tener una cifra aproximada de deuda. Antes de finalizar su gobierno el monto aproximado de la deuda interna era de 5 millones de pesos aproximadamente. 

Durante el siguiente gobierno de Rufino Echenique se produjo el mayor escándalo de corrupción del siglo XIX. Fue escandalosa la manera como fueron falsificados los bonos de reconocimiento, para 1854, se habían cancelado más de 19 millones de pesos y se tenía proyectado cancelar 25 millones, la mayor parte de este dinero entregado se trataba de bonos falsificados. Esta indignante situación llevó a Ramón Castilla y Domingo Elías, con apoyo de la facción liberal, impulsar una rebelión desde Arequipa para destituir a Echenique. En este contexto, Castilla decretó la abolición de la esclavitud en Huancayo y del tributo en Ayacucho. Tras la derrota de Echenique en la batalla de La Palma, Castilla, de la mano de los liberales inició su segundo gobierno. 

En 1856 y bajo influencia liberal Castilla promulgó la que sería la última constitución de la Convención Nacional. 

Inspirada por José Gálvez Egusquiza, esta constitución estipulaba lo siguiente: 

- Declaró abolió la pena de muerte. 

- Redujo a cuatro años el periodo presidencial, le otorgó más poder al legislativo. 

- Estableció el voto directo, esto fue algo inédito. 

- Estableció la vacancia presidencial por disolución del Congreso. 

- Creó el Consejo de Ministros y la figura del Fiscal de la Nación. 

- Estableció la gratuidad de la educación primaria. 

Esta constitución generó el rechazo de los ultra conservadores, quienes desde Arequipa y liderados por Ignacio Vivanco dieron inicio a la más prolongada rebelión política del siglo XIX (1856-1858), que si bien terminó con la derrota de Ignacio Vivanco; Castilla tuvo que disolver la Convención Nacional y luego negociar con la facción conservadora, representada por Bartolomé Herrera, el desarrollo de una nueva carta magna más moderada, que vio la luz en 1860 convirtiéndose en la constitución de mayor duración en toda nuestra historia republicana. Esta nueva constitución restituyó la pena de muerte, mantuvo el Consejo de Ministros y retornó a la votación indirecta.

miércoles, febrero 12, 2020

LA CONVENCIÓN NACIONAL (1828 -1857)


Durante el gobierno del caudillo José de la Mar (1827-1829) y bajo influencia del diputado por Arequipa Francisco Javier Luna Pizarro se consolidó el fortalecimiento de los fueros del poder legislativo con la promulgación de la constitución liberal de 1828.
Esta Constitución en su Articulo 177º estipulaba "En julio del año de mil ochocientos treinta y tres se reunirá una Convención Nacional, autorizada para examinar y reformar en todo o en parte esta Constitución." Hacia el final del primer gobierno de Agustín Gamarra (militarismo fuerte y autoritario) se convocó a la Convención Nacional, con la esperanza de modificar la constitución liberal de La Mar y otorgarle un matiz conservador. Sin embargo esto no ocurrió, por el contrario se promulgó una constitución más liberal, la de 1834 durante el gobierno del liberal Luis José Orbegoso, esta situación generó la rebeldía conservadora de Pedro Bermúdez (en Lima) finalizada por el abrazo de Maquinguayo y posteriormente la de Agustín Gamarra en el Cusco, que se vio agudizada con el golpe militar de Salaverry y la invasión del ejercito boliviano bajo el mando de Santa Cruz.

Luego del frustrado intento de confederación peruano boliviana y la posterior derrota de Santa Cruz en Yungay; el presidente provisional Agustín Gamarra, en Huancayo, promulgó la constitución más conservadora del siglo XIX, la misma que tuvo vigencia hasta el triunfo de Ramón Castilla sobre Rufino Echenique, en aquella rebelión liberal que condujo a la eliminación del tributo y la abolición de la esclavitud. La Convención Nacional volvió a promulgar una constitución liberal en 1856 inspiración de los Hermanos Gálvez, que generó una de las rebeliones más prolongadas y sangrientas del siglo XIX, esta vez dirigida por Ignacio Vivanco en Arequipa. Una de las consecuencias de esta rebelión fue la disolución de la Convención Nacional y la creación de una constitución Moderada para ello se convocó a uno de los representantes conservadores más influyentes Bartolomé Herrera.     

SÍNTESIS DEL PRIMER MILITARISMO (FICHA TÉCNICA)