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DÉJA VU HISTÓRICO: DE SAN MARTÍN Y MONTEMIRA A PIÉROLA Y TORRICO
Primeros días de julio de 1821,
ante su inminente retiro de la capital, el virrey La Serna recomendaba a Don
José de San Martín el ingreso inmediato a Lima para evitar el caos, la
anarquía, y los excesos de las clases populares.
Además, llegaban noticias a la
capital de montoneras que bajaban de la sierra, e inclusive que habían enfrentado
con éxito al ejército español en Cerro de Pasco.
Por otro lado, las clases populares en Lima mostraban una algarabía poco común,
los negros e indios evidenciaban actitudes en favor de la independencia,
mientras aumentaba la preocupación entre comerciantes y nobles criollos. Entonces,
la aristocracia limeña mostraba su preocupación insistiendo con la premura del
ingreso del libertador argentino e inclusive un grupo de limeños optó por refugiarse
en el Real Felipe siendo dirigidos por José de la Mar.
El marqués de Montemira quedó a
cargo de la ciudad capital ante el retiro del virrey y fue él quien apresuró, a
través de cartas, el ingreso de San Martín «lo que más interesa en la
actualidad, es que V. E. expida las instantáneas providencias que exije [sic]
la vecindad de los indios y partidas de tropas que circundan la ciudad, y que
en estos momentos de sorpresa podrían causar muchos desórdenes».
Y sesenta años después…
En la tarde del 16 de enero de
1881 el alcalde de Lima Rufino Torrico -quien quedó a cargo de la capital ante
el retiro a la sierra del presidente Nicolás de Piérola- acompañado de los jefes de las naves de guerra
de Francia, Inglaterra e Italia ancladas en el Callao, se trasladó al Cuartel
General chileno y rindió a Lima incondicionalmente, además solicitó al general
Baquedano que la ciudad fuera ocupada lo más rápido posible para terminar con
el caos y con las bandas armadas que andaban sueltas por la ciudad.
Texto especializado en PDF
LOS PRIMEROS OCUPANTES DE LA CORDILLERA ANTERIORES AL 8000 A.C.
Por Danièle Lavallée*
En el valle de Ayacucho, un amplio programa de excavaciones dirigido por Richard S. Mac Neish condujo, en los años 1969-74, al descubrimiento de más de 500 yacimientos de todas la épocas, 20 de los cuales pertenecen al Pre cerámico. Uno de ellos, la cueva de Pikimachay, a 2.850 m, reveló una secuencia de ocupación que comienza hacia el 13000 a.C., en una fase Ayacucho (13000-11000 a.C.).
Para hacer
honor a la verdad, queremos precisar que su inventor quiere hacer remontar el
inicio de la ocupación humana de la cueva a más de 20.000 años: según él,
durante una primera fase Paccaicasa (23000-13000 a.C.), algunas herramientas de
piedra tosca (choppers- piedras con un filo someramente trabajado- y lascas de
piedra) asociadas a restos de fauna fósil (desdentados y caballos),
comprobarían el paso por la cueva de pequeños grupos de cazadores que habrían
acosado en su guarida la caza mayor del Pleistoceno antes de despedazarla y
consumirla. No obstante, esta fase es hipotética en muchos aspectos: por una
parte, el fechado con C14 no se obtuvo a partir de carbones procedentes de una
hoguera (el nivel “Paccaicasa” no contenía resto alguno de uso de fuego), sino
de huesos de Scelidotherium, un gran desdentado que habitaba entonces la gruta
(la presencia de excrementos lo prueba), de modo que sus esqueletos podrían
encontrase allí sin que necesariamente los llevara el hombre, e incluso desde
mucho antes de la llegada de éste.
Por otra
parte, las “herramientas” que se le atribuyen consisten (a excepción de cuatro
objetos que sin duda se han deslizado desde capas superiores) en fragmentos
mellados y más o menos informes de toba volcánica, material del que está hecha
la propia gruta, de modo que podría tratarse, como piensan además numerosos
especialistas, de simples pedazos desprendidos de la pared.
Por todo
ello, la prudencia y el rigor obligan a situar el inicio de la ocupación de
Pikimachay hacia el 13000 a.C., lo que la convierte, a pesar de estas
restricciones, en la más antigua encontrada en Perú. De esta época (fase
Ayacucho) unas herramientas líticas más abundantes, más
diversificadas-choppers, bifaces burdos y lascas retocadas- y talladas esta vez
en rocas generalmente traídas de otros lugares, dan fe de la utilización de la
cueva por cazadores, cuyas presas siguen siendo algunos ejemplares de la
megafauna pleistocénica ( perezoso gigante, caballo) y también de especies
actuales (camélidos y diversos roedores).
* LAVALLÉE, Danièle, La ocupación
precerámica de la sierra peruana, IFEA y
Lluvia Editores, Lima, 2002.
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